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“La Constitución ordena la separación clara entre el Ejército y la política. Cuando se rompe esa frontera se presentan excesos, como los ocurridos durante la guerra sucia en los años 70; entonces el Ejército se convirtió en instrumento de combate contra la disidencia política”.

Alejandro Encinas Rodríguez
Coordinador de los diputados del PRD
LXI Legislatura

Con Raúl Castro Presidente de Cuba

Con Raúl Castro Presidente de Cuba
Primera visita de Estado a México, Mérida Yucatán. Viernes, 06 Noviembre 2015

AER


Diputado Constituyente de la Ciudad de México

Diputado Constituyente de la Ciudad de México

Homenaje


“Enrique Semo Calev”


Fotos: Jorge Gómez Maquéo Rojas








Debemos revindicar a la Izquierda: Encinas Rodríguez.



“Hoy quiero referirme a Enrique Semo como el hombre del pensamiento actual, crítico y vigente frente a la vida política de nuestro país”, fueron las palabras del senador Alejandro Encinas Rodríguez  al inicio de su intervención durante el Homenaje a Enrique Semo.

Recordó como Enrique Semo llegó a México, a los 14 años  como parte de una familia búlgara perseguida por el fascismo y desde 1942 Enrique ha sido un mexicano ejemplar.

El senador Alejandro Encinas hizo un recuento de algunos de los textos importantes de Enrique Semo que han ido dando cuenta de la evolución de las izquierdas en el país en los últimos años.

Retomó una frase escrita  en 1995, cuando el PRD iba a cumplir 6 años de su formación que título “El país imaginario y el país real” el cual hace un análisis de la transición a la democracia en México, que dice que la concepción misma de esta transición se distingue en los años de existencia del PRD es una concepción dominante  que concibe la democracia como una situación que se consigue de golpe, siendo una  visión despejada de la realidad.

Cita a Enrique Semo (la democracia no es una situación, es un proceso, todo sistema político es una combinación de autoritarismo y democracia donde hay dos extremos excluyentes por un lado el totalitarismo y por el otro la democracia directa de las comunidades pero la gran mayoría de los países tienen sistemas intermedios, donde se permite la participación del pueblo en las decisiones para crear la legitimidad).

Después de hacer un análisis del recuento histórico de la política interna de nuestro país, el legislador  recordó una frase de Enrique Semo que dice: “la práctica de la democracia imaginaria es muy frustrante y acaba por crearnos el síndrome del horizonte el movimiento perpetuo, el hijo pregunta al padre ¿Qué es la democracia? El padre le responde la democracia es como el horizonte ambos comienzan a caminar y en la medida que se acercan al horizonte, se aleja de ellos”.

El senador por el Estado de México señaló que esa metáfora sigue vigente en la izquierda ya que no han sido capaces de crear una visión de futuro, donde no vean el horizonte, sino la posibilidad de metas cumplidas.

Por último, el senador externó que si algo ha reivindicado a Enrique Semo no es solo de crear un pensamiento de izquierda que de identidad que  permita diferenciarnos del bloque hegemónico, sino que permita asumir que la izquierda necesita reinventarse.

Cita “la izquierda no es una persona, ni un partido es ante todo un conjunto de posiciones una concepción del mundo toma de posiciones políticas un movimiento heterogéneo y móvil que lo convierte en una realidad política, nadie tiene el monopolio de las posiciones de izquierda”. Este llamado a revindicar a la izquierda parte de una frase contundente de Enrique Semo: “es necesario enterrar a los muertos, la nostalgia es la muerte misma”.

Por eso, es necesario un relevo generacional donde ahora les toca a los jóvenes construir los nuevos éxitos y fracasos de las generaciones por venir, se necesita construir un nuevo lenguaje, dejar a tras la simulación y la vergüenza de llamarnos socialistas, somos de izquierda, pero las preocupaciones de la gente no distingue entre las izquierdas y las derechas, entiende de desigualdad, corrupción, de impunidad y privilegio de la búsqueda de esperanza de progreso y bienestar, manifestó.

 “Este es el llamado de Enrique Semo volver a construir una izquierda que sea un referente para todas y todos los mexicanos”, concluye el legislador.




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Con la Reforma Política del Distrito Federal se espera que se cierre un ciclo de intentos por avanzar, no solo para dotar de una constitución política y de autonomía a la Ciudad de México,sino para fortalecer mecanismos de participación ciudadana:Encinas



En el Foro Reforma Política de la Ciudad de México, el senador Alejandro Encinas Rodríguez externó que el día de ayer se dio un paso muy importante en el proceso de discusión sobre la reforma política del Distrito Federal. Se espera que se cierre un ciclo de intentos y de esfuerzos por avanzar, no solo de dotar de una constitución política y de autonomía propia a la Ciudad de México, sino también para fortalecer mecanismos de participación ciudadana y democratización de la gestión en los asuntos de carácter público.

Señaló que la historia de la Capital ha forjado una entidad que poco a poco ha logrado que se le reconozca como un estado pero siempre bajo el yugo federal sin tener una real libertad en sus decisiones. 

Manifestó que el día de ayer en el discusión del dictamen de la reforma política del DF en la Cámara de Senadores se dio un  debate igual que en el Constituyente de 1917 en donde incorporaron argumentos que debieron haberse superado hace tiempo tales como: que la Ciudad de México era privilegiada; era beneficiaria de los recursos federales; y que los Estados de la República subsidian al Distrito Federal; ya que si bien, por muchos años fue la Ciudad del Presidente, lo cierto es que la Ciudad dejo de serlo desde hace tiempo. 

El legislador destacó que este debate de centralismo y federalismo ha generado mucha confusión porque siempre se relaciona centralismo con el Distrito Federal o con la Ciudad de México, cuando el centralismo está en el gobierno federal y la concentración de atribuciones, facultades y  poder público está en manos del gobierno federal y no en los capitalinos.

De igual forma,  hizo un recuentro histórico en donde subrayó que  en  1986 se presentó la primera iniciativa en la que se proponía la creación del estado 32 la cual nunca fue dictaminada.

Asimismo, señaló  que en cuanto a la reforma educativa, al DF se le cerró la posibilidad de tener decisiones en cuanto al trabajo de programas y planes de estudios como presupuestales para atender al sector en la capital.

El legislador concluyó “el debate apenas empieza, espero que no se frustre, que la Cámara de los Diputados lo apruebe a más tardar el día de mañana y así como,  la mayoría del Congreso Constituyente de los Estados; y vayamos a un congreso  fundacional originario en donde se haga realidad una constitución de autonomía y de Alcaldías fuertes”.




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Sen. Alejandro Encinas - Segunda Intervención en tribuna

28/04/2015









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El centralismo no está en el gobierno de la Ciudad de México, sino en la desmedida concentración de facultades políticas: Alejandro Encinas




Intervención en tribuna del Senador Alejandro Encinas Rodríguez, del Grupo Parlamentario del PRD, para hablar a favor del dictamen con proyecto de decreto por el que se reforman, se adicionan y se derogan diversas disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de reforma política de la ciudad de México.

Alejandro Encinas Rodríguez, (AER): Gracias, Senador Barbosa.

La verdad es que resulta paradójico cómo en los momentos donde los órganos representativos de nuestro país atraviesan por la peor crisis de credibilidad; todos los órganos de representación popular, las instituciones públicas, los partidos hagamos un esfuerzo tan profundo por demeritar y desvirtuar nuestro propio trabajo.

Porque la verdad, si revisamos con detenimiento el contenido de la reforma, con la sola excepción de la integración por designación del 40 por ciento del congreso constituyente, estamos dando un paso que, sin lugar a dudas, va a marcar no solamente una diferencia profunda en el ejercicio de la vida democrática y en el ejercicio de los derechos políticos de la Ciudad de México, sino que va a abrir un nuevo espacio a modalidades de organización y de participación ciudadana distinta.

Y uno de estos ejercicios novedosos es la elección del 60 por ciento del constituyente a partir de una lista de una sola circunscripción, lo cual es propio de muchos sistemas parlamentarios en el país, es el caso de España, es el caso de Italia, es el caso de otros países donde en el régimen parlamentario la lista define la composición de los órganos legislativos y eso no demerita su origen y legitimidad democrática.

Y lamentablemente, como lo advertí desde mi primera intervención, seguimos regresando a la vieja discusión que tiene ya más de un siglo, en esta lógica de que la Ciudad de México es el fiel reflejo del centralismo, cuando no se quiere entender que el centralismo no está en el gobierno de la Ciudad de México, sino que el centralismo es la desmedida concentración de facultades políticas y de manejo de los recursos públicos en el gobierno federal.

Y hay que diferenciar el gobierno federal y el centro, de lo que es el gobierno del Distrito Federal, y no creo que sea un asunto, en ocasiones, de regionalismo o de provincianismo, yo creo que a veces es desconocimiento, falta de información, aunque también hay que señalar que esa visión regionalista y esa actitud que se acendró durante muchas décadas en contra de los habitantes del Distrito Federal, llegó a situaciones extremas en el estado de Jalisco, en los años 60 y 70, con aquella consigna que decía: “Haz patria y mata un chilango”, y eso es justamente lo que hay que erradicar en esta discusión y en este tipo de concepciones, porque insisto, el centralismo no está en la capital de la República, está en la desmedida concentración del poder público en el gobierno federal.

Y aquí se han señalado algunos de los supuestos privilegios de la Ciudad de México, del gobierno del Distrito Federal, que tienen un trato presupuestal privilegiado, lo tuvo, yo lo dije en mi primera intervención, cuando esta se erigió en la ciudad del Presidente.

Pero a partir de la elección de los gobiernos democráticos, no solamente ha ido disminuyendo significativamente cada año las participaciones federales que le corresponden, sino que también de manera inducida se reportaron la posibilidad de obtención de mayores recursos a la ciudad, donde recuerdo, cuando es electo el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, Jefe de Gobierno, por primera ocasión, aquí en el Distrito Federal, se hereda una deuda de 18 mil millones de pesos de los gobiernos del PRI, del Departamento del Distrito Federal, que tuvo que asumir el gobierno de la Ciudad de México.

En ese año, y en los subsiguientes, el gobierno federal nunca pagó 2 mil 800 millones de impuestos sobre la nómina que debió haber enterado a la ciudad, y a la fecha no lo hace, e incluso, en 1998, en la Cámara de Diputados no se autorizó el techo de endeudamiento de la ciudad, y se habla de favorecer a la Ciudad de México con el subsidio a la educación y a los servicios de salud.

Yo quiero recordarles, que en el convenio en el proceso de descentralización educativa, lo que se acordó fue, no solamente descentralizar la administración de los servicios educativos a los estados, sino los recursos económicos de la federación para asumir esos gastos, lo que no sucedió.

Al Distrito Federal, en el momento de la descentralización educativa, se le recortaron 14 millones de pesos de participaciones, supuestamente para sufragar el costo que implicaría la descentralización a los otros estados de la república. Y lo que sucedió es que el gobierno federal no cumplió con la obligación de entregar las participaciones que le correspondían más que en el primer año.

Y hoy están en el colmo de lo absurdo, porque hoy en los estados, ni administran los servicios educativos federales, ni sirven los planes y programas de estudio, ni incide en la contratación y en las condiciones generales de trabajo que les impone el gobierno federal a los maestros, ni inciden en el ingreso de promoción y permanencia de los maestros a partir de la creación de la reforma educativa y el Instituto Nacional Para la Evaluación de la Educación, y ni siquiera pagan la nómina, ni definen las comisiones de los maestros en su estado.

Aquí la discusión debería ser al revés. Lo que deberían de plantearse hoy los estados de la república es regresarle al gobierno federal los servicios educativos, porque solamente descentralizaron la administración del conflicto y no administraron la prestación de los servicios educativos, y eso es lo que hay que discutir en serio, porque además nunca quisieron descentralizar los servicios educativos al Distrito Federal, primero, porque establecieron como condición en el convenio de descentralización, que hubiera acuerdo con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y por supuesto, porque no solamente el SNTE quería conservar el control sobre los maestros del Distrito Federal y una Subsecretaría de Educación Pública en el ámbito federal, sino porque sabían la enorme fuerza que implicaría darle a la izquierda el poder incidir en los planes y programas de estudio y en el desarrollo de la educación en la Ciudad de México, porque incluso esta es la relación negativa con el gobierno federal, que teniendo una ley que otorga los útiles escolares a todos los estudiantes de las escuelas públicas, la SEP no permite al gobierno de la Ciudad entrar a las escuelas a entregar, ni los libros de texto, ni los útiles escolares, ni los uniformes gratuitos a los estudiantes de las escuelas públicas, y otros componentes, como el caso del sector salud.

Yo nada más, por economía de tiempo, voy a dar algunos datos que actualmente existen, por ejemplo, el día de hoy, el 21 por ciento de los estudiantes de las escuelas públicas, en primaria y secundaria del Distrito Federal, provienen del Estado de México; el 21 por ciento de las atenciones médicas de los servicios de salud del Distrito Federal, se proporcionan a habitantes de otras entidades, principalmente del Estado de México, pero también de Hidalgo, de Guerrero, de Oaxaca, de Morelos, de Tlaxcala, de Jalisco.

El 36 por ciento de las atenciones en los servicios de salud del gobierno de la Ciudad de México, es para atender a población de otras entidades del país.

El 90 por ciento de las emergías médicas del Estado de México se atienden en el Distrito Federal.

El 46 por ciento de los usuarios del Metro que está subsidiado su boleto, provienen del Estado de México y de Hidalgo, particularmente, y qué bueno que eso suceda, porque tiene que entrarnos en la cabeza que este país cambió, este ya no es un rancho, este es un país que vive en zonas metropolitanas que tienen relaciones de interdependencia común, y así como el Estado de México abastece en cerca del 33 por ciento de agua potable a la zona metropolitana del Valle de México, no solamente al Distrito Federal, porque el 65 por ciento del abasto de agua del Distrito Federal viene de los acuíferos de la ciudad, hoy hay que entender esa relación de reciprocidad, y por eso los avances en materia de desarrollo metropolitano.

No subestimemos lo que estamos haciendo. Yo soy crítico de la composición del Congreso Constituyente, pero lo que estamos logrando hoy es lo que, por ejemplo, el gobierno de Miguel de la Madrid no nos otorgó en 86, porque ni siquiera quisieron dictaminar una reforma política para el Distrito Federal, o como nos sucedió en 91, que el PRI, en el Senado, echó para atrás la votación mayoritaria de la Cámara de Diputados de una reforma que daba autonomía a la ciudad.

Tomemos decisiones en función de los intereses de los ciudadanos. Yo sé que aquí ya hubo quien inició su campaña por la Jefatura de Gobierno, descalificando la reforma, no se la quieren dar en prenda al Gobierno de la Ciudad, por eso ese demérito, por eso juego electoral por esa forma de reacomodo y de no reconocer el mérito de la misma, pero yo lo digo: no me gusta la integración del Congreso Constituyente, pero hoy, les guste o no, hemos logrado las principales reformas y demandas que la izquierda se propuso, que la izquierda se propuso para lograr la autonomía y los derechos plenos para los habitantes de la ciudad.

Muchas gracias.

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https://www.youtube.com/watch?v=bQNyAG3CPpM&feature=youtu.be

 

 

Esperamos que hoy sea un día histórico para el país y para los capitalinos: Encinas Rodríguez





Intervención en tribuna del Senador Alejandro Encinas Rodríguez, del Grupo Parlamentario del PRD, para hablar a nombre de la Comisión de Estudios Legislativos, Segunda, sobre el dictamen que contiene proyecto de decreto por el que se reforman, se adicionan y se derogan diversas disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de reforma política de la ciudad de México.

Alejandro Encinas Rodríguez (AER): … uno de los más importantes en la historia del Congreso de la Unión.

Sin embargo, sin minimizar ni negar la importancia y trascendencia de esta reforma que dota de autonomía y de una Constitución propia a la Ciudad de México, que establece sus poderes locales, así como alcaldías integradas por órganos colegiados de gobierno, debo confesar que guardo un cierto grado de escepticismo derivado del fracaso de las experiencias que en dos ocasiones anteriores frustraron esta reforma en los primeros años del presente siclo.

Y no es para menos, éste es un debate, el debate que hoy esperamos superar data de hace 194 años, es un debate que ha estado presente a lo largo de los dos siglos de vida del México independiente y que surge en 1821, tras la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, donde se integra la soberana junta provisional gubernativa que elige como emperador a Agustín de Iturbide y que en el Acta de Independencia del Imperio mexicano ratifica a la Ciudad de México como su capital, nombrando a los integrantes de la regencia del imperio.

Fue hasta  1823 tras el derrocamiento de Iturbide cuando el Congreso declaró nulos los tratados de Córdoba y el Plan de Iguala, y cuando las diputaciones provinciales votaron a favor de la implantación de una República federada y en la cual se creó una comisión especial encargada de designar el lugar en que debían recibir en lo sucesivo los supremos poderes de federación.

Y es a partir de ese momento cuando se presenta un fuerte debate entre quienes defendían la conformación de una República centralista y quienes defendían, como hoy lo hacemos, la existencia de una verdadera República federal, de una verdadera federación y de una verdadera unión entre los distintos estados que conforman a nuestra nación.

Y desde entonces, con la Constitución de 1824 se acordó contar con un territorio que no fuera la Ciudad de México, a fin de evitar fragmentar el territorio del Estado de México, que en aquel entonces, desde 1786, tenía como capital a San Agustín de las Cuevas, hoy delegación Tlalpan, cuando el país estaba organizado en intendencias.

Y esto debo señalarlo también como senador que soy del Estado de México, porque la entonces intendencia de México comprendía lo que hoy son los Estados de México, Querétaro, Hidalgo, Morelos, gran parte de Guerrero y el Distrito Federal, ya que a partir de la promulgación de Cádiz, en 1812, el Estado de México se constituyó como la diputación provincial de la Nueva España, la cual funcionó hasta 1824, a partir del Acta Constitutiva de la Nación Mexicana, en donde la intendencia de México se convirtió en el Estado libre y soberano de México.
Esto lo quiero subrayar porque no fue la formación del Distrito Federal, como muchos suponen, quien fragmentó el territorio del Estado de México, sino fue una decisión política como lo veremos más adelante.

Por eso la Constitución de 1824 se estableció que sólo podría establecerse la capital federal en un lugar que no fuera capital de un estado, por lo que se dispuso a la facultad exclusiva del Congreso general para elegir un lugar de residencia de los supremos poderes de la federación y así ejercer en su distrito las (Inaudible) del Poder Legislativo de un estado.

El resultado de esta nueva Constitución creo que lo sintetiza de manera muy clara una frase de Fray Servando Teresa de Mier, quien dice,proponíamos un gobierno federal y en el nombre, y centralizado en la realidad, porque desde 1824 efectivamente seguimos hablando de un gobierno federal, pero día a día se favorece la centralización del poder público.

Así el 30 de octubre del 24 de aprobó el decreto para que la Ciudad de México fuera el Distrito Federal, cuyo territorio fuese exclusivamente el comprendido en un círculo en cuyo centro sea la plaza mayor de esta ciudad y un radio de dos leguas, y quedó integrado por siete municipios, lo que hoy podemos ubicar como el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Pero en 1835 cuando Antonio López de Santa Anna ocupó por primera vez la Presidencia de la República el Congreso federal, que contaba con una mayoría conservadora, aprobó lo que se conoció como las bases para una nueva Constitución que marcó una etapa de centralismo político y que transformó a las entidades federativas en departamentos, desapareciendo incluso a la figura del Distrito Federal para adoptar una forma de gobierno, conocida como República Representativa Popular.

Como decía Arnaldo Córdova, retomo sus palabras y lo cito: El dictador no pensaba en los términos de una capital nacional, sino de una base de operaciones o de un reducto militar lo suficientemente dotado de recursos como para permitirle una residencia efectiva contra cualquier enemigo potencial.

Por eso, la segunda base constitutiva de estas leyes estableció un cuarto poder, el llamado supremo poder conservador, cuya misión era regular los actos de los otros poderes, con ello fue conocido como la segunda Constitución centralista, con lo cual prácticamente se disolvió de nueva cuenta al Distrito Federal.

Y es hasta 1847, tras el restablecimiento de la Constitución de 1824, cuando se otorgó por primera vez a los ciudadanos del Distrito Federal el derecho a elegir dos senadores y votar en la elección por el Presidente de la República, al igual que cualquier otra entidad federativa.

Yo creo que ese fue el primer paso para la democratización de la Ciudad de México, que posteriormente se conculcó por la presencia y el regreso de Santa Anna en 1853 y al Plan del Hospicio en donde ese ordenamiento mantuvo a la capital como capital de la República, a la Ciudad de México, pero cambió de nombre el Distrito Federal, para denominarse el Distrito de México.
En febrero de 1854  y aquí hablo de nueva cuenta como senador del Estado de México, en detrimento del territorio de este estado Santa Anna emitió en decreto para la comprensión del Distrito de México, ampliando los límites territoriales de la ciudad, a San Cristóbal Ecatepec, a Tlalnepantla, a los Remedios, Santa Fe, San Ángel, Coyoacán, Mixcoac, Tlalpan, Tepepan, Xochimilco, Iztapalapa, el Peñón Viejo y lo que era la medianía de las aguas del Lago de Texcoco, situación que solamente duró 18 meses, ya que con la aprobación de la promulgación del Plan de Ayutla y la restitución de la Constitución del 57, pues, se restableció el régimen correspondiente al Distrito Federal.

Y esto, por primera vez en la historia, se presentó una discusión para que el Distrito Federal contara con una constitución propia y un gobierno similar al de los otros estados, 1857, por qué esperar el día de hoy.

La discusión en ese congreso se estableció fundamentalmente entre quienes sostenían, como fue el caso de León Guzmán, que no podían coexistir dos poderes soberanos en el mismo territorio sin que surgieran conflictos entre los mismos poderes; y también quienes defendían la idea fundacional del Distrito Federal como entidad soberana en igualdad de condiciones que el resto de las entidades de la República.

Retomo en este debate los argumentos presentados en este Congreso por Francisco Zarco y lo dijo así:

“Se ha dicho que es imposible que existan en un mismo punto el gobierno general y el de un estado y así se propaga una idea falsa de Federación; pinta al Gobierno de la Unión como una planta maldita que seca y esteriliza cuanto está a su alrededor. Por qué el gobierno, que sólo debe ocuparse del interés federal ha de ser un obstáculo a la libertad local”.

Aunque, por supuesto, si el constituyente definió en aquel entonces el estado del Valle de México como una entidad que debía fundarse cuando los supremos poderes federales se trasladaran a otro lugar de la República y con ello de nueva cuenta, a pesar de este debate, la soberanía local le fue negada de nueva cuenta al Distrito Federal y su derecho a contar con una constitución.

Durante la Guerra de Reforma, el gobierno itinerante de Juárez expidió dos decretos relativos al Distrito Federal. El primero de ellos el 4 de mayo de 1861 conocido Arreglo para elecciones de ayuntamientos, jueves y otros funcionarios del Distrito Federal, que establecía que el ayuntamiento de la Ciudad de México disponía también de la posibilidad de elecciones directas para gobernador, presidente y magistrados del Tribunal, jueces y miembros de los ayuntamientos, restituyendo los derechos políticos de los capitalinos.

Y en el segundo decreto modificó la división política del Distrito Federal, donde se reconocía, además de la existencia de municipalidades y de cuatro partidos, que el gobernador podía actuar como autoridad local en la municipalidad de México y los partidos contarían con prefectos nombrados por el gobernador del Distrito Federal.
Más aún, en 1865, Maximiliano de Habsburgo y el Segundo Imperio Mexicano, se emite la ley sobre la división territorial del Imperio Mexicano a partir de la cual se creó el departamento del Valle de México, del cual la Ciudad de México fue su cabecera así como también capital del Imperio.

Y con el triunfo de la República, la restauración de la Constitución del 57, el país se dividió de nueva cuenta en estados y municipios; y el Distrito Federal regresó la figura establecida en 1862, donde se restituyó el derecho de los habitantes de la ciudad a elegir y ser representados por senadores de la República.

Porfirio Díaz impulsó un conjunto de reformas profundamente contradictorias. Redefinió en tres ocasiones los límites territoriales de la ciudad. En 1899 se establecieron municipalidades; en 1901 se suprimió la elección popular de los ayuntamientos; y en 1903 aumentó el número de prefectos y de partidos políticos a quienes se reconocía como agentes del gobierno, presidentes natos de los ayuntamientos y jefes de policía de los partidos existentes en el territorio del Distrito Federal, lo que conculcó de manera definitiva los derechos de los habitantes del Distrito Federal y de sus órganos de representación 12 mil 201; se suprimió el régimen electoral del Distrito Federal y se disolvieron 12 ayuntamientos.

En el caso del constituyente de 1917, y valga hacer la reflexión y la memoria histórica, la discusión volvió a concentrarse en torno a la conveniencia  de establecer o no la capital, de la capital un régimen municipal como el resto de la República y la eventual contradicción de la existencia de ayuntamientos con la de la presencia de los poderes de la Federación en un mismo territorio.

A partir de preservar los ayuntamientos hubo argumentaciones importantes como las del diputado Heriberto Jara, quien sostuvo: “No sé por qué va a haber incompatibilidad entres los poderes federales y el municipio. Si esto tuviéramos en cuenta, entonces admitiríamos que no es posible la existencia del pacto federal de la República; si fuésemos a admitir que los poderes federales se lesionan por alguna disposición municipal, entonces admitiríamos también que las disposiciones municipales no pueden existir donde residen los poderes de un estado”.

Y Jara decía: “No hay por qué temer a que exista un conflicto”.

Sin embargo también hubo discursos categóricos en contra y que seguramente volveremos a escuchar el día de hoy con los mismos argumentos, como fue la intervención del diputado conservador Félix (inaudible), quien decía: “La Ciudad de México no es una ciudad autónoma ni nada, vive de los recursos de la Federación”.

Esto es legítimo a esto tenía derecho la Ciudad de México, pero a esto no tienen derecho los munícipes de la Ciudad de México; lo que ha invertido toda la vida la Ciudad de México han sido los fondos de la Federación, lo vamos a escuchar en un rato, porque la renta del municipio no bastaría para sostener el lujo de la Ciudad de México y que es imprescindible con el decoro que exigen los poderes federales.

Esto lo debatiremos al igual que en 1917 hace casi un siglo, seguramente con algunos compañeros senadores este día.

Finalmente, bueno, en esta rémora de cambios, todavía siendo candidato por segunda ocasión a la Presidencia de la República, Álvaro Obregón promovió una reforma constitucional para desaparecer a los ayuntamientos de la Ciudad de México y desaparecer la figura de gobernador del Distrito Federal que incluso contó con el apoyo de algunos presidentes municipales, como fueron los presidentes municipales de Tacuba y de Mixcoac, quienes decían: estamos convencidos que el municipio libre en el Distrito Federal no es sino una rémora para la marcha y buen gobierno del mismo, renunciamos a todos los derechos de hacerlos munícipes que pudiéramos tener y nos adherimos entusiastamente al proyecto de reformas mencionado.

En defensa de este modelo municipal salió Vicente Lombardo Toledano, quien además de defender la vida municipal de la capital convocó a salvaguardar el régimen de libertad y autonomía que la Constitución ya había otorgado al Distrito Federal,  y concluía en su disertación que si el municipio no había funcionado como no funciona actualmente, por problemas de orden técnico y político en lugar de suprimirlo debería aprovecharse la oportunidad para reafirmar  la libertad municipal señalando, cita textual: Los vicios de  la democracia no habrán de corregirse sino la democracia  misma.

Así se suscitaron diversas modificaciones legales dejando siempre en manos del Presidente de la República el manejo de la Ciudad de México, la que fue erigiéndose como la ciudad del presidente, ya que el gobierno del Distrito Federal se estableció estaría a cargo del presidente de la República, quien lo ejercerá por conducto del órgano y órganos de gobierno  que determine la ley respectiva.

Así en 1928 Portes Gil promulgó la Ley Orgánica del Distrito Federal y los Territorios  Federales donde ratifica que el gobierno de la Ciudad estará a cargo del Presidente de la República, por medio del Departamento del Distrito Federal y que el jefe de departamento del Distrito Federal será nombrado y removido libremente por el Ejecutivo de la Unión, y fue así como el día primero de 1929 se entrega el último gobernador de la Ciudad de México, Primo Villa Michel, entrega al primer regente, el primero de 23 regentes, José Manuel Puig Casauranc, el gobierno de la ciudad para convertirlo en una dependencia del gobierno federal.

Posteriormente en 1941 se promulga la Ley Orgánica del Departamento del D.F., en 1970 se crean las 16 delegaciones políticas, vienen distintas reformas pero en 1985 los sismos que sacudieron a la Ciudad de México y a otras entidades, el 19 de septiembre, también sacudieron y pusieron a temblar las anacrónicas estructuras de gobierno del Departamento del Distrito Federal.

Así, por ejemplo en 1986 se presenta por primera vez una iniciativa en el Congreso de la Unión firmada por varios partidos, esa sí la recuerdo ya, la presenta el Diputado Arnoldo Martínez Verdugo, del Partido Socialista Unificado de México, con el aval del Partido Acción Nacional, lástima que no estén los que se oponen a la reforma, del Partido Demócrata Mexicano y de otros partidos de esa legislatura, en la cual se  proponía la creación del estado 32, conocido como el Estado de Anáhuac, iniciativa que por cierto nunca fue dictaminada.


En 1988 la insurgencia electoral del Cardenismo y el Frente Democrático Nacional obliga a ciertos cambios de apertura, particularmente los que resultan del plebiscito ciudadano del 21 de marzo de 1993, que obliga al gobierno de Carlos Salinas de Gortari a promover una reforma para establecer la figura de Jefe de gobierno de Distrito Federal, el cual de acuerdo a la reforma de Salinas de Gortari sería elegido por el Presidente de la República entre los representantes de la Asamblea del Distrito Federal, los Diputados Federales o los Senadores, aunque esta reforma se aprobó nunca se aplicó.

Se atravesó más adelante el levantamiento zapatista de 1994 que obligó a esta apertura a cuentagotas a crear la asamblea de representantes del Distrito Federal, la cual carecía de facultades legislativas y dio paso también a la reforma política de 1996, que permitió la existencia del primer gobierno democrático en el Distrito Federal. La elección del primer gobierno democrático en 1997, con la elección del jefe de gobierno y de la primera Asamblea Legislativa y en el año 2000, la elección por primera ocasión de los jefes delegacionales.

A partir del año 2000 se promovieron diversos esfuerzos plurales que lamentablemente se frustraron y que alientan mi escepticismo.

En el año 2001 tras un largo proceso de discusión, y qué bueno que está por aquí José Agustín Ortiz  Pinchetti, quien fue sin lugar a dudas el principal promotor de esa iniciativa, el Gobierno del Distrito Federal, la Asamblea Legislativa, el Tribunal Superior de Justicia, todos los grupos parlamentarios representados en la Asamblea, todos los partidos políticos con registro en el Distrito Federal llegaron a un consenso para promover de manera conjunta una iniciativa de reformas constitucionales, la cual fue aprobada  por unanimidad como una iniciativa de la Asamblea Legislativa.

Esta iniciativa se concentraba en dos aspectos específicos: las facultades conferidas a los poderes federales por tener su asiento territorial en el Distrito Federal y en dotar de autonomía al Gobierno del Distrito Federal, para ello se proponía conservar la naturaleza de Distrito Federal como entidad federativa sede de los poderes federales y capital de la República, un modelo muy similar al que espero aprobemos el día de hoy.

Y esta iniciativa no solamente se aprobó por unanimidad en las comisiones de la Cámara de Diputados, sino que esta reforma fue aprobada por la Cámara de Diputados por 358 votos a favor, 17 en contra y 7 abstenciones, ese mismo día esa minuta se remitió a este Senado de la República y es la fecha en que esa minuta, gracias al boicot que se hizo por la mayoría, nunca se dictaminó.

Un proceso similar ocurrió en la legislatura anterior, cuando de la la misma manera todos los órganos de gobierno de los partidos políticos del Distrito Federal presentaron una iniciativa al Senado de la República con el compromiso político de dictaminarla y vaya sea la hora, que tampoco se dictaminó en ese momento.

Por todo lo anterior, mantengo mi escepticismo, hemos logrado un gran acuerdo político, el más importante de los que hasta ahora hemos alcanzado que crea una nueva entidad, una categoría de ciudad capital, que es la Ciudad de México que contará con un Congreso Constituyente originario; una Constitución propia que lo dotará también de autonomía política, al que se le reconoce como Ciudad Capital sede de los poderes federales, con pleno goce de derechos políticos para sus habitantes; poderes locales constituidos; alcandías integradas por consejos asumidos como órganos colegiados de gobierno y una visión metropolitana.

Por supuesto tenemos algunas diferencias, particularmente la integración del Congreso Constituyente, Congreso originario, que por lo menos logramos que hubiera un Congreso Constituyente y no fuera la Asamblea Legislativa que se eligiera en el mismo, (inaudible) en su totalidad y lograr la figura de constituyentes designados por otros poderes de la unión.

Habrá asuntos que no resolvimos en esta reforma que puede resolver el propio Congreso Constituyente, no solamente el de las facultades y atribuciones de las alcaldías y sus consejos, sino por ejemplo, el establecer el referéndum ciudadano para que sean los capitalinos y las capitalinas quienes puedan avalar y ratificar la Constitución que surja de ese Congreso Constituyente.

Y espero que también esto dé paso a una visión federalista, lástima que no esté Juan Carlos Romero Hicks en este debate, aunque lo tuvimos la semana pasada; porque lejos de demeritar el modelo federalista y municipalista en nuestro país yo espero que entremos a una discusión para discutir el rediseño del municipalismo en el país que hoy ha fracasado.

Revisar a fondo las facultades y competencias de una verdadera República Federal hoy en un proceso acelerado de centralización de nueva manera y discutamos nuevas modalidades de gobierno (inaudible).

No hay que pensar en el pasado, si queremos un nuevo federalismo, un nuevo municipalismo, debemos entender que hoy dos terceras partes de la población del país vive en 59 zonas metropolitanas, que requieren de otras modalidades de gobierno, que rebasan por mucho el ámbito de los territorios jurisdiccionales y de las competencias locales.

Y que en este nuevo diseño, pues, podamos fortalecer realmente lo que es la vida federal y un municipalismo viable y no obsoleto que sigue cargando con las responsabilidades sin tener ni los recursos, ni los mecanismos, ni las facultades para cumplir con su responsabilidad.

Deseo sinceramente que no se frustre nuevamente este acuerdo, que en la Cámara de Diputados, y en el Constituyente permanente, se honre la palabra y los compromisos asumidos y que podamos celebrar, efectivamente, este día como día histórico para el país, para los capitalinos y para el Senado de la República.

Espero que logremos la votación requerida.

Muchas Gracias.

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