No a la
Ley de Seguridad Interior
Alejandro Encinas Rodríguez
El Universal
12 de diciembre de 2017
Esta ley viola la Constitución al militarizar
una actividad reservada exclusivamente a la autoridad civil: la seguridad
pública
Mal y de malas termina el año 2017, que
dejará una marca indeleble de violencia y desigualdad, sólo opacada por la
corrupción que horada todos los ámbitos de la vida pública.
El pragmatismo electoral de los partidos los
ha conducido a construir frentes para mantener sus posiciones y privilegios,
ajenos a la sociedad que dicen representar, e incluso a su propia militancia.
La restauración autoritaria vuelve por sus
fueros. El PRI ha postulado a un candidato que no milita en sus las, pero que,
independientemente de las siglas, representa a la oligarquía y a la misma clase
política que ha detentado el poder en las últimas décadas.
Para 2018 se atisba encono e incertidumbre:
guerras de encuestas y campañas ncadas en el vituperio y la mercadotecnia, que
anulan el debate de las propuestas y del cómo implementarlas.
Ha iniciado un proceso electoral que tiende a
replicar la frivolidad en las contiendas, dejando a un lado deniciones
fundamentales respecto a la confrontación entre visiones de país con intereses
encontrados: el interés público sobre el privado, la apropiación privada sobre
la apropiación social del territorio; entre el capital inmobiliario y la
función social del suelo y de la propiedad; entre la explotación irracional de
los recursos naturales y la preservación de los territorios de las comunidades
originarias, entre el control clientelar; y la participación autónoma de los
ciudadanos y sus organizaciones; entre la corrupción y el buen gobierno; entre
los negocios ligados al poder y el derecho a una vida digna.
La cultura de la mercantilización disputa
territorios y conciencias: individualismo contra comunidad, egoísmo contra
solidaridad, competencia contra cooperación. Dos caminos distintos en un país
fragmentado.
Nuevas amenazas se ciernen sobre las
libertades que hemos alcanzado. A la entrega de nuestros recursos naturales, a
la pretensión de privatizar el agua, a la violencia generada por la
delincuencia se pretende entregar el control político y el mando sobre el
territorio nacional a las fuerzas armadas mediante la Ley de Seguridad
Interior. Una ley que obedece a la decisión del actual grupo gobernante para
mantenerse en el poder cueste lo que cueste, aunque lo que cueste, sean
nuestras propias libertades.
Esta ley viola la Constitución al militarizar
una actividad reservada exclusivamente a la autoridad civil: la seguridad
pública. Confunde los conceptos de seguridad nacional, seguridad interior y
seguridad pública, al establecer que los asuntos de seguridad pública, como los
delitos del fuero común, podrán ser considerados riesgos a la seguridad
nacional.
La declaratoria de riesgo a la seguridad
interior someterá a la población civil a la autoridad militar, la que podrá
hacer investigaciones, allanar domicilios, intervenir comunicaciones
electrónicas, decomisar equipos de cómputo o teléfonos celulares, y someterá a
la autoridad local, al subordinarla al mando militar.
Nos despojaron de nuestros recursos
naturales, nos robaron nuestro derecho a elegir a nuestros gobernantes, nos
robaron la paz y la tranquilidad, al declarar una guerra absurda contra al
crimen organizado, ahora nos quieren robar nuestras libertades y los precarios
derechos que hemos conquistado. No a la Ley de Seguridad Interior.


No hay comentarios:
Publicar un comentario