Alejandro Encinas Rodríguez
15 de diciembre de 2017
Devolverá minuta a San Lázaro con diez
modificaciones
El Senado da luz
verde a ley de seguridad interior
PRI y aliados ignoran todas las propuestas de
senadores de oposición
Aspecto del salón de sesiones del Senado de la República durante la
discusión del dictamen acerca de la ley de seguridad interiorFoto José
Antonio López
Andrea Becerril y Víctor Ballinas
Periódico La Jornada
Viernes 15 de diciembre de 2017, p. 3
Viernes 15 de diciembre de 2017, p. 3
Durante horas, senadores de PAN,
PT-Morena y PRD insistieron en que se escucharan las voces de decenas de
organismos nacionales e internacionales preocupados por los efectos de la ley
de seguridad interior, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero
PRI y aliados los ignoraron y todo estaba listo para que esta madrugada la
norma se aprobara en lo general.
Una legislación que,
expusieron en tribuna senadores de oposición, es una regresión, ya que
militariza al país y posibilita violaciones a derechos humanos al someter a la
población civil a la autoridad castrense.
Los militares podrán
realizar investigaciones, allanar domicilios, intervenir comunicaciones y
llevar a cabo detenciones sin mediación de la autoridad judicial.
“No queremos una
nueva guerra sucia en el proceso electoral de 2018. No
queremos a las fuerzas armadas en nuestras vidas ni en los asuntos políticos de
la nación”, dijo el senador Alejandro Encinas.
La aprobación de esta
ley constituye el último eslabón en la construcción de un Estado
policiaco-militar, subordinado a Estados Unidos, recalcó el coordinador de
PT-Morena, Manuel Bartlett.
Maratónica discusión
El debate se inició cerca de las tres
de la tarde del jueves y se tiene previsto que la minuta sea aprobada en lo
general y lo particular entre las ocho y las nueve de la mañana de este
viernes, hora en que se regresará a la Cámara de Diputados, ya que se hicieron
varios cambios.
La maratónica
discusión confrontó a la bancada del PAN ante el pleno. En principio se
presentaron siete votos particulares y se registraron más de 40 oradores para
la discusión en lo general.
De entrada, los
presidentes de las comisiones de Gobernación y de Defensa Nacional, senadores
Cristina Díaz (PRI) y Fernando Torres Graciano (PAN), respectivamente,
justificaron la reforma y sostuvieron que es falso que se militarice el país.
Aseguraron que se escucharon todas las voces, tanto de organismos
internacionales como de defensores de derechos humanos nacionales, académicos y
gobernadores.
¡Que quede claro: no
se militarizan las calles; al contrario, se pone orden!, dijo a gritos, al
final de su discurso, la senadora Díaz.
El presidente de la
Comisión de Estudios Legislativos Segunda, senador Benjamín Robles Montoya (PT-Morena),
rechazó que haya habido un debate amplio sobre la minuta e insistió en que en
el dictamen no se menciona la preocupación del Alto Comisionado de la ONU para
los Derechos Humanos ni de representantes de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH).
La senadora Angélica
de la Peña (PRD) advirtió que era simulación y demagogiasostener
que se escucharon las voces críticas y presentó las recomendaciones y
sentencias de la CIDH por violaciones a garantías fundamentales de civiles
cometidas por militares.
De la Peña propuso
una moción suspensiva para regresar el dictamen a comisiones y abrir un debate
amplio, planteamiento que fue rechazado con 69 votos en favor y 39 en contra.
La senadora Laura
Angélica Rojas (PAN) preguntó si realmente se podían desestimar las
preocupaciones, reiteradas ayer por siete expertos de la ONU y dos organismos
de Estado, como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Instituto
Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos
Personales.
¿De verdad creen que
esos organismos, integrados por expertos, están equivocados?, preguntó, y dijo
que al principio el Ejército participaba en 10 estados para combatir el crimen
organizado y ahora está en 28. Otro panista, Víctor Hermosillo, alertó sobre la tentación
peligrosa de abusar del poder que se dará a las fuerzas armadas.
En respuesta, Javier
Lozano dijo que no tienen vergüenza y que esa postura es por seguir
la línea de su ambicioso líder, Ricardo Anaya.
A la minuta se le
hicieron 10 cambios elaborados por Cristina Díaz y Fernando Torres. Éste
explicó que se modificó el artículo 8 para que quede muy claro que por
ningún motivo se podrá hacer uso de las fuerzas armadas para contener una
protesta social o de contendido político electoral.
También se modificó
el artículo 10 para precisar que la aplicación supletoria de la Ley de
Seguridad Nacional y Seguridad Pública se hará en el ámbito de sus respectivas
competencias. Y el artículo 16, que obliga a la Secretaría de Gobernación a
notificar a los gobernadores en caso de que el Ejecutivo federal decida enviar
tropas a su estado ante una amenaza a la seguridad interior.
Se introdujo también
un artículo transitorio que obliga a estados o municipios que soliciten apoyo
de las fuerzas armadas a presentar, en un plazo de 180 días, un programa de
fortalecimiento de sus corporaciones policiacas.
Cambios insuficientes
Los cambios fueron considerados
insuficientes. La senadora Dolores Padierna (PT-Morena) advirtió que se
mantienen todas las disposiciones que permiten que las fuerzas armadas
permanezcan de forma permanente en alguna entidad, sin controles y sin tener que
justificar posibles violaciones a derechos humanos, ya que toda la información
sobre operativos se reserva por considerarla de seguridad nacional.
La ley de seguridad
interior se discutió durante horas en un salón de sesiones casi vacío, ya que
legisladores de PRI y PVEM se ausentaban en forma constante, lo que obligó a
legisladores de PT-Morena a exigir varias veces que se verificara el quórum.
La senadora Layda
Sansores denunció incluso que algunos priístas comían y bebían tranquilamente
fuera del salón de sesiones en lugar de seguir el debate de la ley. Muchos
aquí no pasan el alcoholímetro, afirmó.
Sin embargo, el
presidente de la mesa directiva, Ernesto Cordero, pidió que se abriera el
tablero electrónico durante 90 minutos para que los ausentes regresaran al
salón a votar y la sesión siguiera, aun sin quórum.


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