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“La Constitución ordena la separación clara entre el Ejército y la política. Cuando se rompe esa frontera se presentan excesos, como los ocurridos durante la guerra sucia en los años 70; entonces el Ejército se convirtió en instrumento de combate contra la disidencia política”.

Alejandro Encinas Rodríguez
Coordinador de los diputados del PRD
LXI Legislatura




Trump
Alejandro Encinas Rodríguez
El Universal
15 de noviembre de 2016


El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, obliga a un replanteamiento de las relaciones con el vecino del norte.

Trump dio voz y rostro a un sector de la sociedad norteamericana, sobre todo a la población blanca, molesto por los graves problemas económicos y sociales derivados de la globalización y la apertura comercial, dando cauce a un rancio nacionalismo fincado en el racismo, la xenofobia y la discriminación, que ha fracturado a esa sociedad, Al mismo tiempo, el resultado de la elección representa una ruptura con el establishment, con el american way of life, y el fin de ciclo de las políticas neoliberales que, al igual que en todo el mundo, favorecieron la desmedida concentración del ingreso, el desempleo y la desigualdad.

Las secuelas de la globalización y la apertura comercial en el empleo de los norteamericanos, simplificada por Trump en su crítica al TLCAN, abonaron en un discurso de odio y violencia, culpando a los mexicanos de ser el origen de sus problemas.

Estamos ante un escenario de incertidumbre, que se ahonda por la ambigüedad y la ausencia de definiciones claras del gobierno mexicano, el que debería adoptar medidas firmes contra la amenaza y persecución a los mexicanos residentes en ese país, a quienes se acusa de delincuentes que serán encarcelados o deportados, cuya protección debe ser prioridad nacional.

Los factores que articularon este malestar social no son ajenos a nuestros problemas: la crisis de las instituciones públicas y la impunidad de la clase política generan indignación social; a lo que se suma la creciente desigualdad; la violencia manifiesta en los crímenes de odio contra las mujeres; la beligerancia conservadora contra los derechos civiles, como el matrimonio igualitario, y el Estado laico; los actos de justicia por propia mano; la persecución a periodistas y defensores de derechos humanos; el despojo a las comunidades indígenas, y la ausencia de una oposición que haga contrapeso y confronte al mal gobierno.

El nuevo escenario obliga a replantear las políticas nacionales, en particular la política económica, que no puede mantener los privilegios a los grandes capitales radicados en el país.

No se trata, como dice Enrique Peña Nieto, de dejar a un lado el pesimismo y generar “buenas vibras” para el país. Como tampoco que el gobierno cierre filas con el gran beneficiario de la apertura comercial y de las políticas gubernamentales: el Consejo Coordinador Empresarial, con el que se apresta a “trabajar y renegociar el TLCAN, y lo que sea necesario para defender los empleos en México” y desarrollar un plan para incorporar a los repatriados al mercado laboral, como afirma el Secretario de Gobernación “con ofertas laborales en su lugar de origen”, cuando el desmantelamiento del mercado interno y la ausencia de un desarrollo regional equitativo motivaron su expulsión a los Estados Unidos.

El arribo de Trump a la Casa Blanca puede representar el inicio de un nuevo orden mundial. El replanteamiento de las relaciones comerciales globales, el regreso a medidas proteccionistas en demérito de los países con menor nivel de desarrollo, mayor volatilidad del sistema financiero internacional y en el capital especulativo y, por tanto, polarización política global y mayor desigualdad.

Es momento de hacer un alto en el camino. Replantear la política económica, revertir el proceso de desmantelamiento de las industrias y de los bienes de la nación, así como el proceso de corrupción y degradación de las instituciones públicas, cuyo indicador más reciente son los recortes al gasto público para el bienestar social, manteniendo grandes sumas para los negocios al amparo de la política, disfrazados de grandes obras de infraestructura como el aeropuerto en el Lago de Texcoco o el tren México-Toluca y los millonarios moches a los diputados para aprobar el presupuesto de egresos.

Este replanteamiento implica recuperar el mercado interno, reorientar las políticas de desarrollo rural para garantizar la soberanía alimentaria, rescatar a las micro, pequeñas y medianas empresas como pilares en la generación de empleos, y acabar con los monopolios privados derivados de las concesiones y privatizaciones en ferrocarriles, carreteras, telecomunicaciones, minería y energía. Recuperar un proyecto de nación.

(Diputado Constituyente) 


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