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“La Constitución ordena la separación clara entre el Ejército y la política. Cuando se rompe esa frontera se presentan excesos, como los ocurridos durante la guerra sucia en los años 70; entonces el Ejército se convirtió en instrumento de combate contra la disidencia política”.

Alejandro Encinas Rodríguez
Coordinador de los diputados del PRD
LXI Legislatura


2017: de mal en peor
Alejandro Encinas Rodríguez
El Universal

27 de diciembre 2016



Mal y de malas termina 2016. Los espectaculares avances anunciados para la economía, el empleo y el bienestar de los mexicanos, a la sombra de las reformas estructurales, nunca llegaron.

La inflación al cierre de 2016 rondará el cuatro por ciento, mientras el crecimiento económico será menor al dos por ciento, haciendo polvo el incremento de cuatro pesos diarios al salario mínimo que entrará en vigor el 1º de Enero, a lo que se sumará, el alza en el precio de las gasolinas, que llevará a la Magna a poco más de 16 pesos por litro y a la Premium a 17 pesos, lo que tendrá un efecto demoledor en la economía familiar.

La depreciación del peso frente al dólar mantiene una caída sostenida. Al momento de escribir estas líneas el dólar se vende a 20.92 pesos. La pregunta que debemos hacer a Peña Nieto es: ¿Dónde se encuentran la prosperidad anunciada, el incremento en las inversiones y en el empleo? ¿Acaso no afirmó que la reforma energética sería portadora de beneficios y que la apertura del mercado de gasolinas permitiría bajar sus precios? Mintió y malbarató el patrimonio nacional y ahora, de nueva cuenta, justificará esta situación diciendo que se trata de un fenómeno global y coyuntural derivado del alza sostenida en el costo de la gasolina en Estados Unidos, de donde se importa la mitad del combustible que consume México.

Así las cosas, el escenario para 2017 se presenta desalentador ante nuevas adversidades. El arribo de Trump a la Casa Blanca encontrará un gobierno omiso y confundido, que actuó de manera errática en momentos en que este personaje colocó en el eje de su discurso el odio y desprecio contra los mexicanos que residen en su país. La respuesta fue y sigue siendo inocua: “no podemos intervenir en la elecciones de otro país” se dijo entonces. “Hay que tomar las cosas con calma, a ver qué pasa” se afirma ahora, cuando está en marcha la implementación de un nuevo ciclo en la vida del imperio, que al margen del muro fronterizo o de la revisión del TLC, promueve un nacionalismo rancio que, contra los valores de la democracia liberal que caracterizó a ese país tras los movimientos civiles en contra del racismo y la guerra en Vietnam durante los años sesenta, retoma la farsa de la supremacía blanca e inventa su nueva amenaza: los migrantes.

Dejando atrás la omisión, el gobierno mexicano debería emprender una nueva e intensa labor diplomática. Apoyar a las organizaciones de los mexicanos en el exterior; fortalecer la actividad consular; retomar la iniciativa de la Conferencia Binacional de Gobernadores Fronterizos y, en particular, prepararse para enfrentar la difícil situación que se anuncia en las fronteras norte y sur del país, incrementarán su nivel de conflicto.

2017 anuncia además nuevas tensiones políticas. La creación de un marco legal para permitir a las fuerzas armadas actuar en asuntos de seguridad pública, pretende crear un Estado de excepción, otorgando facultades meta constitucionales a las fuerzas armadas, mostrando una vez más que la única institución fuerte en un Estado débil, es el ejército.

Las elecciones locales del próximo año, en especial la del Estado de México, serán determinantes en la sucesión presidencial, y como lo hemos visto ya, los gobiernos federal y local, harán todo cuanto sea necesario para mantener el dominio priista en la entidad de donde es originario el grupo político en el poder. El dinero, la cooptación, la compra de conciencias y las amenazas acreditadas en el pasado, serán peccata minuta ante lo que se avecina.

Una luz esperanzadora es lograr que la Ciudad de México cuente con su primera Constitución, la que tendrá como rasgo distintivo, a contrapelo de lo que sucede con nuestro agreste vecino, que la Ciudad se asuma como un espacio intercultural, plurilingüe, pluriétnico y pluricultural. Fundado en la diversidad de sus tradiciones y expresiones sociales y culturales. Ciudad de tránsito, destino y retorno de migrantes y desplazados, ciudad de refugio y asilo político, donde el respeto a los derechos humanos garantiza la igualdad sustantiva entre las personas, y se prohíbe toda forma de discriminación que atente contra la dignidad humana o restrinja los derechos de las personas, como la misoginia, la xenofobia, la segregación racial, el antisemitismo, la islamofobia y toda forma de intolerancia. Entendiendo que, como señalara Carlos Fuentes, “una nación no es su poder sino su cultura”. (Diputado Constituyente)


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