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"Estamos en una crisis humanitaria que deriva de la ausencia del Estado":

Alejandro Encinas Rodríguez

Venimos de lejos

Dtto 30

Constituyente

Senador


La UNAM, presente en el debate y reflexión para construir un nuevo modelo de país

Dip. Alejandro Encinas Rodríguez
Coordinador del GPPRD
Discurso en la sesión solenme con motivo de los
100 Años de la UNAM



Palacio Legislativo, Miercoles, 22 Septiembre 2010 a las 13:54Versión No. 691

Señoras y señores legisladores; señor rector de la Universidad Nacional Autónoma de México; compañeras y compañeros universitarios:

Conmemoramos hoy los primeros 100 años de la Universidad Nacional Autónoma de México, la institución pública por excelencia que, desde su fundación, ha sido protagonista fundamental de la historia nacional.

Como lo señaló Justo Sierra el 22 de septiembre de 1910, nuestra Máxima Casa de Estudios tiene sus raíces en la Real y Pontificia de la Universidad de la Ciudad de México fundada en 1553. Y debo agregar, en la Escuela Nacional Preparatoria creada por Gabino Barreda en 1867, pero a diferencia de aquella Universidad engendrada por la conquista cuando no tenía más elementos que aquellos que los mismos conquistadores proporcionaban o toleraban, donde explicaban densos problemas teológicos, canónicos, jurídicos, retóricos, resueltos ya, sin revisión posible de los fallos, por la autoridad de la Iglesia, la nueva Universidad se creaba -en palabras de Justo Sierra- para que su acción educadora resultara de su acción científica cultivando intensamente en ella el amor puro de la verdad, donde la labor cotidiana para encontrarla, la persuasión del interés de la ciencia y el interés de la Patria, deben sumarse en el alma de todo estudiante mexicano.

Ese espíritu del positivismo fue refrendado en abril de 1921, cuando el rector José Vasconcelos presentó ante el Consejo Universitario la propuesta de lema y el escudo de la Universidad “Por mi raza hablará el espíritu”, que representa la convicción de que nuestra raza elaborará una cultura de tendencias nuevas, que despierta de una larga noche de opresión, de esencia espiritual y libérrima.

Mientras que el escudo representa a nuestro continente, nuevo y antiguo, predestinado a contener una raza quinta, la raza cósmica, en la cual se fundirían las dispersas y se consumaría la unidad.

Con es orientación, y tras una movilización de la comunidad universitaria, el 25 de mayo de 1929 se logró la Autonomía de la Universidad que aseguraba no sólo la independencia de gestión y de gobierno de los universitarios, sino la garantía del libre examen de las ideas y de su componente primordial: la libertad de cátedra.

Diversas han sido las vicisitudes para consolidar la universidad. Hoy, como hace 100 años, a la par del desarrollo y fortalecimiento de sus tareas de investigación y docencia, la universidad ha tenido que resistir y sobreponerse ante fuerzas y visiones que han pretendido subordinarla a los designios del poder e impedir que la Universidad pública continúe siendo el gran promotor de la movilidad social en nuestro país.

Cuánta vigencia tienen hoy las ideas de quien fuera rector de la Universidad, Manuel Gómez Morín, ante la actual embestida de la derecha conservadora que intenta desmeritar a la Universidad y su autonomía, respecto a la cual Gómez Morín sostuvo la convicción de imponer un sello doctrinario.

Alejandro Gómez Arias, presidente de Asamblea Universitaria de la Huelga de 1929, quien desde la izquierda sostenía que el Estado no debe educar pues debe garantizar la educación y ser educado, la educación debe estar a cargo de los educadores y de los propios estudiantes, lo que implica la democratización de la vida universitaria y de la enseñanza pública.

A partir del gobierno de Miguel Alemán, la Universidad ha tenido que bregar contra las tentaciones autoritarias, que buscaron convertirla en un apéndice del Estado posrevolucionario, en el contexto del presidencialismo, el partido hegemónico y el corporativismo que lo caracterizaron.

En los años sesenta, la matanza de estudiantes el Dos de octubre en Tlatelolco puso al descubierto el verdadero rostro represivo del sistema político mexicano. La comunidad universitaria había afrentado a un régimen que no entendía que el movimiento estudiantil encauzaba la asfixia impuesta desde el poder, que en las últimas décadas, al cobijo de un crecimiento económico sostenido y una falsa estabilidad política, cancelaba cualquier espacio de participación al margen del aparato de control corporativo y toda forma de disidencia.

El sacrificio de los estudiantes del 68 que, por cierto fue aplaudido por la mayoría de este Congreso de la Unión, abrió el cauce de transformación democrática del México contemporáneo. A esta lucha se sumó la dignidad del rector Javier Barros Sierra, quien asumió la defensa de la autonomía universitaria y de las libertades de los estudiantes.

A ellos nuestro respeto, nuestro reconocimiento y nuestra memoria.

En los años setenta, ante la imposibilidad de someter a la comunidad universitaria, desde las esferas del poder presidencial, se promovió y alentó el porrismo, como mecanismo para contener y reprimir el compromiso social de los universitarios, base fundamental de la educación pública; se recurrió de nueva cuenta a la represión, al Halconazo del Diez de junio de 1971, que condujo a muchos jóvenes a la guerrilla, como una evidencia más de la impotencia e intolerancia del régimen, como sucedió posteriormente con la represión al movimiento sindical universitario, que se constituía en un pilar del sindicalismo independiente.

Con el surgimiento del neoliberalismo, se alentó la creación de universidades privadas y se castigaron los recursos destinados a las instituciones de educación superior, satanizando a la universidad pública y promoviendo la incorporación de egresados de las escuelas privadas a los altos mandos del gobierno federal; eludiendo la responsabilidad del Estado para garantizar el derecho a la gratuidad de la educación, lo que topó con la comunidad universitaria e impidió que esta idea prosperara, para que la gratuidad y la laicidad de la educación siguieran vigentes.

A pesar de ello, la UNAM ha acrecentado su calidad académica y su prestigio internacional, creando la red científica más importante del país y la consolidación de una corriente de pensamiento humanístico, formando nuevas instituciones como el Servicio Sismológico Nacional, la Biblioteca Nacional y la editorial más grande de América Latina.

Su visión formadora de profesionales y científicos se ha traducido en resultados notables en sus investigaciones, como el primer genoma descodificado en México; la regeneración de neuronas de piel y huesos, la prevención de daños cerebral en niños, la inteligencia artificial contra plagas, medicamentos contra el cáncer; sistemas de construcción como la tridilosa y la explicación del cambio climático y la formación del hoyo en la capa de ozono.

Hoy, nuevamente la UNAM y su rector nos han convocado al debate y a la reflexión para construir un nuevo modelo de país y refundar a la República, donde el desarrollo no sólo sea la parte de las finanzas públicas o el capital privado, sino que ponga a los mexicanos en el centro del interés y combata los males de la pobreza y la desigualdad cada vez más lacerantes.

El Grupo Parlamentario de la Revolución Democrática atiende y se suma a esta convocatoria. Compartimos la convicción de que es preciso los intereses del país sobre los muy legítimos que cada sector tenga.

En un escenario de globalidad, nuestro país debe aspirar a incrementar sus deberes de competitividad, rompiendo con la inercia llevando a que el capital se concentre y el salario disminuya. En ello, una universidad fuerte constituya el eslabón que nos permitirá una mejor inserción en las sociedades del conocimiento.

Ahí reside la importancia de la UNAM y el papel que cumple la posición digna y comprometida de sus actuales autoridades, que entienden que la institución debe seguir siendo, plural y abierta como ha venido siendo manteniendo el carácter plural, laico y gratuito de la educación pública.

Por ello, al conmemorar los 100 años de la UNAM no puede reducirse esta conmemoración a un acto protocolario de apología y demagogia. Honrar a la UNAM significa realmente un cambio de política de visión y de proyecto, donde las universidades públicas cuenten con recursos suficientes para gozar de su plena autonomía y contar con sus tareas decentes: investigación científica, desarrollo de capital humano y de difusión de la cultura nacional.

La Cámara de Diputados tiene la capacidad para hacerlo. Por nuestra parte, asumimos este compromiso como una prioridad en el próximo debate sobre el presupuesto de egresos de la federación.

Señoras y señores legisladores, compañeras y compañeros legisladores,

Pese a todo, la UNAM es el principal centro académico de Iberoamérica, mas la universidad no es algo abstracto ni intangible; es un ente dialéctico, en transformación permanente. Son sus aulas y laboratorios, sus maestros e investigadores, sus estudiantes y trabajadores; es el teatro universitario, su orquesta sinfónica, el ballet de danza contemporánea, los cine clubes en los que conocimos, lo mismo a Fellini y Godard que al Indio Fernández y Gabriel Figueroa; sus bibliotecas y museos, es un clásico Pumas-Poli y es un concierto de rock en la explanada.

Pero también es un centro de contrastes y contradicción del que han egresado, desde científicos e intelectuales del más alto nivel, hasta el hombre más rico del mundo; el subcomandante de una rebelión indígena, cientos de servidores públicos y representantes populares y miles de profesionistas que no encuentran empleo.

La UNAM es el fiel reflejo de nuestro país, de sus fortalezas y debilidades; es el Movimiento Estudiantil de 1968 y la represión autoritaria del Estado Mexicano; es el porrismo cobijado en las esferas gubernamentales, es la confrontación de grupos radicales de todo signo, desde la izquierda dogmática, hasta el ultraderechista Muro.

Es el intento de un Apartado C y el surgimiento de un sindicalismo universitario, hoy estancado; es la libertad de cátedra y la salvaguarda de la pluralidad ideológica y el derecho de asilo intelectual de estudiantes perseguidos.

En las aulas universitarias aprendimos valores y principios que rigen nuestro desempeño público; aprendimos que la riqueza la hace el trabajo y no el capital, que el principal obstáculo al desarrollo es la desigualdad, que la competencia debe buscar el progreso y no la acumulación; aprendimos que el principio de autoridad socava la democracia y que en la democracia son exigibles los derechos de la sociedad, rural y diversa que se reconoce en sus diferencias, en la tolerancia y la no discriminación, lo que no aprendieron los tecnócratas que han hundido en la pobreza y la violencia al país, algunos de los cuales estudiaron en nuestras mismas escuelas.

Esos son los principios que la Universidad Nacional Autónoma de México ha inculcado a las generaciones de un siglo; principios sin dogmas ni fundamentalismos impartidos por la casa de estudios, a través de la cual habla un espíritu de una raza y que bien, el día de hoy, merece un Goya Universidad.

Muchas gracias.

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