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"Estamos en una crisis humanitaria que deriva de la ausencia del Estado":

Alejandro Encinas Rodríguez

Venimos de lejos

Dtto 30

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Vía Crucis

Artículo de Alejandro Encinas publicado en el diario El Universal el 11 de abril de 2009



Semana Santa se ha convertido en nuevo escenario de la irresponsable cruzada que desde la Comisión Nacional del Agua promueve su titular, José Luis Luege Tamargo, contra la ciudad de México.Primero fue el anuncio de que la ciudad estaba al borde de una catástrofe por la fractura del drenaje profundo que la inundaría de aguas negras, lo cual no sólo resultó falso, pues no existía daño estructural en el drenaje, sino que además estaban en proceso obras de mantenimiento programadas conjuntamente entre el GDF y la Conagua. Más tarde fue el amago de clausura del relleno sanitario Bordo Poniente, en la zona federal del ex lago de Texcoco, con lo cual la ciudad no tendría dónde procesar y depositar las más de 12 mil toneladas de residuos que genera diariamente y se tendría que contratar con particulares el servicio que hoy se realiza con uno de los costos más bajos de operación del mundo.Recientemente, el 21 de marzo, tras el deceso de 11 campesinos de la comunidad de El Refugio en Atotonilco de Tula, Hidalgo, a consecuencia de la respiración de emanaciones tóxicas cuando se disponían a realizar limpieza del cárcamo Artículo 123 de la Conagua, Luege Tamargo se deslindó argumentando que los campesinos no contaban con permiso para llevar a cabo esas actividades, aun cuando un convenio con esa comisión obliga a los campesinos a realizar labores de limpieza a cambio de aprovechar el líquido, y culpó al GDF por la tragedia, “ya que se ha echado para atrás para firmar el acuerdo de licitación para construir la planta tratadora en Atotonilco... situación grave e irresponsable, pues la ciudad de México se niega a sanear sus aguas negras que llegan a Hidalgo”.Ahora, con motivo de las obras de mantenimiento al Sistema Cutzamala, que obligan al cierre total del suministro de agua por 36 horas y que afectará a 5 millones de personas, Luege Tamargo ha iniciado una nueva cruzada. A la vieja usanza del foxismo, acusa al GDF de que “utiliza el dinero para otras cosas, no para obras prioritarias”, que “se pierde más agua en fugas en la red secundaria”, y amaga con sacar de operación varias presas clave en el Sistema Cutzamala, como la de Villa Victoria que aloja 29% del agua del sistema, porque están en un “nivel crítico de almacenamiento”.Nadie puede negar la gravedad del problema. En 1955, la disponibilidad de agua por habitante en México era de 11 mil 500 metros cúbicos por habitante; en 2004 esta disponibilidad cayó a 4 mil 500 y se estima que para 2025 será de 3 mil 822. México registra uno de los mayores promedios de consumo de agua por habitante en el mundo: 360 litros diarios.La Zona Metropolitana del Valle de México consume 65 metros cúbicos por segundo de agua potable, 35 de los cuales se consumen en el Distrito Federal. Esta cuota de disponibilidad se mantiene inalterada desde 1995. El 60% de este líquido se extrae de los acuíferos y los manantiales del valle de México y el 40% restante de fuentes externas. El Sistema Cutzamala abastece 28% de agua a la zona metropolitana, aprovechando un sistema de presas que hasta los años 70 generaba energía eléctrica; y que hoy esa agua se bombea hasta la cuota de 2 mil 700 metros sobre el nivel del mar, a través de una línea de ductos de 160 kilómetros.El Sistema Cutzamala es vital para garantizar el abasto de agua y la gobernabilidad en la zona metropolitana. Es una prioridad atender su buen funcionamiento y el manejo adecuado de la cuenca para permitir un aprovechamiento sustentable del recurso. Se requieren cambios en los hábitos de consumo y una nueva cultura de manejo del agua basada en información clara y no en amarillismo. Utilizar lo delicado de esta situación para agitar las aguas de la política puede conducir, más allá de la confrontación entre distintos órdenes de gobierno, a despertar irresponsablemente ánimos sociales de los cuales, ante la manipulación de la información y la angustia de carecer del vital líquido, difícilmente se puede predecir su alcance.México no necesita prolongar el vía crucis que atraviesa; bastante tiene con los problemas de pobreza, desempleo, inseguridad y endeudamiento, para que se agiten las aguas en un ejercicio irresponsable de la función pública.

El llamado paquete hacendario 2008, que pron-to entrará en vigor con el aumento a las gasolinas, ha traído consigo una escalada de precios en diversos sectores, que si bien ha sido subestimada por las autoridades federales y el sector privado, impacta negativamente a la mayor parte de la población.

El gobierno y el sector privado se empecinan en defender una mítica cifra de 3% de inflación prevista para este año, cuando en realidad, los propios datos oficiales reconocen al mes de agosto una inflación de 4%, mientras los subíndices que impactan el bienestar de la gente, como el de alimentos, rebasa en las cuentas oficiales 7.5%.

Más allá de las cifras oficiales, en las últimas semanas se ha venido registrando una inflación silenciosa, sin que ninguna autoridad reconozca esta situación y, menos aún, haya intervenido, lo que ha impactado negativamente a la economía popular.

En los últimos 10 meses el precio de los productos de la canasta básica registró un incremento superior a 38%; casi 10 veces más que el aumento de 3.9% otorgado al salario mínimo este año.

A las alzas en el gas, luz, frijol, huevo, leche y tortilla —que se continúa vendiendo hasta en 10.50 pesos el kilo— se suma el aumento de 3.5% promedio a los energéticos, sin considerar el próximo incremento de 5.5% derivado del nuevo impuesto a las gasolinas, que acumulará 36 centavos durante los próximos 18 meses; el aumento de 100% en la harina de trigo, que pasó de 5.25 a 10.50 pesos, con la consiguiente alza en el bolillo, que subió de 1.20 hasta 1.80 pesos; y en el pan dulce, que se incrementó en 50 centavos.

Otros ejemplos son los incrementos en el jitomate, que pasó de 12 a 17 pesos; la calabaza, que lo hizo de 9 a 17 pesos; el tomate verde de 11 a 19 pesos; mientras un kilo de bistec se vende en 70 pesos.

Como siempre, el impacto negativo mayor de estos aumentos se registra en la población más pobre, aquella a la cual el INEGI ubica en el decil 1 de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, y que recibió en 2004 1.1% del total de los ingresos que se generan en el país, y que de acuerdo con dicho estudio, destinan 46% de sus ingresos a alimentos, bebidas y tabaco, y 12.8% al consumo de gasolina, diesel y transporte público.

Ello obligará, frente a una política de contención salarial, a que la mayor parte de los mexicanos reduzca su nivel y calidad de consumo para hacer frente a estos aumentos, con la consiguiente merma en su calidad de vida. Como bien ha señalado Enrique del Val en estas mismas páginas: “Los técnicos gubernamentales deben recordar que los 50 millones de mexicanos pobres no son sólo una cifra estadística, son personas de carne y hueso que la están pasando muy mal y ahora estarán peor”.

Un principio básico de la economía establece que no es aconsejable subir impuestos cuando la economía está debilitándose, porque lo único que se logra es provocar menos crecimiento y más desempleo. Menos aún cuando existen factores externos desfavorables a la economía, como la crisis hipotecaria en Estados Unidos o el estancamiento de las remesas de los trabajadores migrantes, que habían venido creciendo a una tasa de 15% anual; o cuando la producción manufacturera nacional, que en 2006 se incrementó en 5.5%, este año apenas se mantiene en 0.2%, lo cual conducirá a que la economía mexicana crezca este año a la mitad de lo alcanzado el año pasado.

El aumento de impuestos en este clima económico no sólo no atempera el impacto externo negativo, sino que agrava la tendencia recesiva de la economía y empeora las expectativas del sector productivo, causando así menos inversión y menos empleos, y lo más delicado aún, el empecinamiento por mantener un régimen de privilegios fiscales a los grandes empresarios, deteriorará más la de por sí precaria situación de vida de la mayoría de los mexicanos.

aencinas@economia.unam.mx

Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM

Artículo de hoy publicado en El Universal




Un partido con valores
Alejandro Encinas Rodríguez
14 de agosto de 2007

Esta semana el PRD celebrará su décimo Congreso Nacional. En éste se debatirán diversos temas, entre los que, a mi juicio, se plantearán tres definiciones fundamentales:

1. El principal reto de este Congreso es garantizar la unidad del propio partido, y ésta no puede ser un asunto enunciativo, sino que deberá materializarse en el acuerdo que se alcance en la línea política y en las reglas a las que sujetará su vida interna y su práctica política.

El PRD debe ratificarse como un partido de la izquierda democrática, cuyo objetivo es la transformación profunda de nuestra sociedad y del sistema político y económico impe-rante. Un partido con independencia y autonomía del poder público y de los poderes de facto, que tiene como prioridades el combate a la exclusión y la desigualdad social, la democratiza-ción política del país y la construcción de un modelo de desarrollo alternativo a las políticas neoliberales.

Para ello, el PRD tiene que capita-lizar la fuerza que representan su posicionamiento electoral y los gobiernos que encabeza, y asumirse como un partido con vocación de poder, capaz de consolidar la mayoría que conduzca al país.

2. El PRD requiere una profunda renovación y el fortalecimiento de su vida interna, por lo que es indispensable desmantelar los mecanismos que han permitido el surgimiento de grupos de interés, que más allá de lo que originalmente se concibió como corrientes de opinión, han traído consigo prácticas clientelares, así como la injerencia de grupos económicos y gobiernos ajenos al partido. Prácticas inherentes al dinero, a la corrupción y a la pérdida de valores democráticos.

Para evitar esta regresión, el Congreso Nacional debe fortalecer los mecanismos a través de los cuales sus miembros participan en la vida interna; erradicar la militancia corporativa para dar lugar a la militancia partidaria; fortalecer los mecanismos de elección de dirigentes y candidatos (el voto universal, directo y secreto); garantizar la afiliación individual y no mediante los grupos; impedir la formación de estructuras paralelas, con relaciones políticas y financiamiento propios, y eliminar la intermediación que las corrientes hacen de la vida partidaria, con lo que se desplaza la toma de decisiones fuera del ámbito institucional y se conculcan los derechos de los militantes.

3. En materia de política de alianzas, el PRD debe asumirse como un instrumento para la lucha política y como un medio al servicio de las transformaciones sociales, y por tanto abrirse al conjunto de la sociedad.

Las alianzas son un medio legí-timo para generar consensos y posiciones políticas con distintas organizaciones o individuos, y éstas deben fundarse en coincidencias políticas y en programas comunes, que permitan acuerdos duraderos y avances democráticos.

Hasta ahora, si bien se han obtenido logros electorales y se ha posibilitado la creación del Frente Amplio Progresista, el partido ha mantenido una errática política de alianzas, en la que en muchos casos han predominado el pragmatismo y la simulación.

Poco o nada sirven alianzas que ven al partido como franquicia y concluyen al día siguiente de la elección, o con organizaciones o personajes que dañan la imagen del partido, con quienes no existe más coincidencia que la circunstancia.

Las alianzas deben fortalecer las causas del partido. Por ello, el PRD debe mantenerse como la columna vertebral del gobierno “legítimo”, de la Convención Nacional Democrática y del Frente Amplio Progresista y, al mismo tiempo, abrir sus alianzas al movimiento social, a la academia, a los intelectuales, a los trabajadores de la cultura, a los jóvenes, a los ciudadanos y organizaciones que participan en espacios afines a nuestras causas y propósitos.

En suma, se requiere un parti-do que recupere los principios que le dieron origen y se aleje del pragmatismo que rige su práctica política. Que sea contrapunto a la lógica de acumulación y exclusión del actual sistema y que no se limite al despropósito de buscar compensaciones al modelo neoliberal.

Un partido con valores: ética, democracia, tolerancia, pluralidad. Con iniciativa en las acciones que promueven la equidad social y de género, el reconocimiento a la diversidad, el respeto a la naturaleza, y con una política de alianzas al servicio de la sociedad, no de la burocracia partidaria.

aencinas@economia.unam.mx


Artículo de hoy publicado en El Universal





La izquierda paraestatal
Alejandro Encinas Rodríguez
31 de julio de 2007



Una izquierda conservadora es una contradicción insuperable.

Así como en todo régimen existe un grupo de intelectuales, comunicadores e incondicionales cuya tarea es justificar las condiciones vigentes y difundir información e ideas que legitimen al poder —actividad recompensada con reconocimiento, dádivas y otras concesiones como formar parte de la corte del poder—, en México se vislumbra la tentación de los poderes fácticos y de algunos medios de comunicación de reinsertar la presencia de la izquierda en el espectro político, en una versión complaciente, dócil, contraria a sus compromisos históricos: esos lastres ideológicos que estorban tanto en las negociaciones con otras bancadas parlamentarias.

Se pretende inducir una corriente que aspire a disfrutar los dividendos y privilegios de ser la segunda fuerza política nacional, a costa de renunciar a su aspiración de convertirse en mayoría.

Existen distintos incentivos desde el Estado que dan “buenas razones” para alentar la presencia de ese tipo de “izquierda”: el alto financiamiento público para los partidos y la posibilidad de acceder a cargos de representación popular, lo que permite combinar influencia en las decisiones públicas, con el control de la burocracia partidista; el reparto de canonjías; y el soporte de una base clientelar con la que se mantiene una relación de intercambio de lealtades por favores políticos.

Es la izquierda deseable para los hombres del poder. La que legitima y da lustre al régimen. A la que corresponde asentir, testimoniar e incluso, cuando el poder así lo exija, tras la afrenta poner la otra mejilla.

El propósito consiste en dotar al régimen de una apariencia incluyente, tolerante y democrática, y contrarrestar el avance de la izquierda crítica e independiente.

Este no es un fenómeno nuevo, es la tenta-ción de reproducir el viejo esquema de una izquierda paraestatal.

Es lo que Robert Michels denomina la “ley de hierro de las oligarquías”: cuando en una organización se registra un distanciamiento de la base social con sus dirigentes, las decisiones se concentran cada vez más en pocas manos, y se olvidan las causas y demandas de afiliados y simpatizantes: la organización pasa de ser un medio a ser un fin en sí misma.

La izquierda debe tener claro su papel y responsabilidades actuales. La ciudadanía —con razón— se encuentra desencantada con el sistema de partidos. No hay partido que por sí mismo obtenga un mayor número de votos que el abstencionismo, y este desencanto de los electores pasivos, que no acuden a votar porque “de nada sirve”, no ha sido capitalizado por ningún partido.

Inconformismo e izquierda deben ir de la mano; sin embargo, hay que reconocer que la izquierda no ha logrado motivar a los ciudadanos y demostrar que puede ofrecer una opción diferente. Por el contrario, en muchas ocasiones se ha abocado a reproducir los vicios que criticaba del corporativismo autoritario priísta, lo que crea una percepción favorable al interés de construir una izquierda a modo, desde las altas esferas del poder.

Estas razones motivaron en buena medida la creación de una fórmula novedosa: la Conven-ción Nacional Democrática, en la que concurren ciudadanos indignados y participativos que no se reconocen en las burocracias partidistas y demandan un espacio de participación distinto al desgastado mundo institucional, con los partidos políticos de izquierda.

La Convención tiene mucho que aportar en este sentido. En primer lugar, porque existe una amplia base social, con conciencia renovada, dispuesta a entrar de lleno en la transformación del país y exige que quienes conducen este proceso estén a la altura de las circunstancias. En segundo lugar, porque es expresión de los cambios en la sociedad y ésta no confía en los modos tradicionales de hacer política. Y en tercer término, porque las elecciones se ganan con votos de ciudadanos y no de clientelas políticas.

Pero, más importante aún para la izquierda, sus partidos y corrientes es entender que resis-tir a un poder ilegítimo y contrario a los intereses de la mayoría no es sólo un derecho, sino una obligación ética.

aencinas@econonomia.unam.mx

Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM




Un año después
Alejandro Encinas Rodríguez
3 de julio de 2007

“Si el dinero a raudales decide quién gobierna, el gobierno que llega obedecerá al dinero a raudales. Si así han querido ganar, así inevitablemente querrán gobernar. Tanto gasto, tanto han de recuperar con creces. Mentir para imponerse es ignorar en definitiva la ubicación de la verdad”. Esta reflexión, compartida a dos voces por Carlos Monsiváis y Sergio Pitol, ante un zócalo colmado en julio de 2006, goza de plena vigencia.

Han transcurrido 365 días y a los mexicanos no sólo se nos ha negado nuestro derecho a conocer la verdad, sino además hemos sido testigos de la búsqueda infructuosa por acreditar una legitimidad no lograda en las urnas.

En qué ha intentado fincar Felipe Calderón su legitimidad:

En el PRI: desde el acuerdo previo al 2 de julio, este partido se ha constituido en una costosa “fuente de legitimidad”. No me refiero sólo al acuerdo con los gobernadores que convocaron a votar por un candidato distinto al de su partido a cambio de impunidad (Puebla, Oaxaca), lo cual representa, además de un chantaje permanente, un costo mayor para la precaria justicia mexicana, sino también a la entrega del control del Congreso de la Unión y a la alianza estratégica, establecida desde el gobierno de Fox, con los sectores corporativos más corruptos, a quienes se recompensa los favores recibidos con grandes negocios, como la administración de las pensiones de los trabajadores al servicio del Estado.

En el discurso del orden y el endurecimiento: el saldo de la incorporación del Ejército en la lucha contra el narcotráfico es desfavorable, basta ver el reportaje presentado hace unos días por Denise Maerker acerca del operativo en Sinaloa tras el homicidio de una familia inocente (son los costos que se tienen que pagar en la lucha contra el crimen organizado, dijo un mando militar): nueve detenidos y 160 gramos de mariguana decomisados. Sin embargo, tras el despliegue mediático, la percepción ciudadana favorece estas acciones, lo que ha venido a fortalecer acciones autoritarias, llegando a extremos como suspender ilegalmente garantías y criminalizar a los jóvenes con los toques de queda decretados en Ciudad Juárez, Chihuahua, y San Nicolás, Nuevo León, que impide a menores de edad transitar en vía pública después de las 22 horas. Legitimar con las botas lo que no dieron los votos.

Los medios de comunicación: el cobijo y control de los medios, para quienes la realidad de nuestro país registra una visión unipolar, homologadora y sesgada. Una pretendida legitimación mediática que, además del bloqueo informativo a la oposición, persigue a los medios y comunicadores que no se alinean al oficialismo.

Los sectores más conservadores de la Iglesia, que desde el púlpito o de sus “instrumentos de evangelización” como el semanario Desde la fe incuban el huevo de la serpiente.

Los oligarcas, quienes manteniendo intocados sus privilegios e intereses son quienes realmente gobiernan.

En este intento frustrado de legitimación se pretende eliminar a la izquierda del imaginario colectivo, lo que muestra una vez más la soberbia de una derecha intolerante que no acaba de entender que el saldo de la elección de 2006 ha dejado, más allá de las pugnas partidarias, una profunda división social entre mexicanos.

La elección y las prácticas que se utilizaron desde el desafuero hicieron evidente, además de la profunda desigualdad que existe en nuestro país, la discriminación, el desprecio y el encono social enraizado en nuestra sociedad, causas que combate la izquierda, que dan fuerza al movimiento social que encabeza y que no pueden solaparse con voluntarismo, endurecimiento o manipulación mediática.

El 2 de julio desmiente a quienes suponen que las transiciones a la democracia son una ruta lineal ascendente. Una de las enseñanzas de ese día es que ninguna transición está asegurada y que éstas pueden enfrentar un sinuoso camino y regresiones severas.

Pero lo más preocupante es que en la maltratada democracia mexicana el 2 de julio corroboró, una vez más, que para los poderosos la transición sólo será posible si la alternativa a elegir por la mayoría no altera los intereses y privilegios de las élites económicas. El 2 de julio no se olvida.

aencinas@economia.unam.mx

Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM


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PERFIL

Diputado Federal en las Legislaturas de los años 1985–1988 y 1991–1994. Secretario de Medio Ambiente durante el Gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, Secretario de Desarrollo Económico, Subsecretario de Gobierno y Secretario de Gobierno en el período de Andrés Manuel López Obrador. Jefe de Gobierno en 2005 y 2006. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM.

Editoriales anteriores

El México real 19-junio-2007

Palos de ciego 5-junio-2007

Los ´hijos de las tinieblas´ 22-mayo-2007


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